'Hush': un juguetón cruce entre slasher y home invasion en Netflix del director de 'La maldición de Hill House'

'Hush': un juguetón cruce entre slasher y home invasion en Netflix del director de 'La maldición de Hill House'

El nombre de Mike Flanagan está actualmente en boca de todos por el estreno de ‘Doctor Sueño’, la notable secuela de ‘El resplandor’ protagonizada por Ewan McGregor. Sin embargo, su nombre empezó a hacerse ya muy popular el año pasado gracias a ‘La maldición de Hill House’, una aclamada serie de Netflix de la que él dirigió todos sus episodios.

Anteriormente ya había colaborado con la plataforma de streaming en ‘El juego de Gerald’, otra adaptación de una popular novela de Stephen King, y ‘Hush’, una producción de Blumhouse que fue adquirida por la plataforma de streaming. Su llegada al catálogo se produjo sin hacer mucho ruido, por lo que quizá se os haya pasado por algo esta estimulante película de terror, ideal para la noche de Halloween.

El gato y el ratón

Escena Hush

El punto de arranque de ‘Hush’ no difiere mucho de lo visto en multitud de películas, aunque normalmente como base para una sola secuencia: una mujer sola en casa sufre el acecho de un psicópata que ha decidido divertirse un poco a su costa. Eso sí, Flanagan coge un punto de partida similar para construir un relato muy diferente en el que la víctima es una escritora -más que probablemente un guiño a Stephen King, de quien llega a verse una novela entre la colección de la protagonista- sordomuda que no está dispuesta a dejar que acaben con ella.

Tras una presentación solvente en la que Flanagan demuestra especial atención a los pequeños detalles, ‘Hush’ no tarda en convertirse en un juego del gato y el ratón en el que los intentos de ella por poner fin a la amenaza son desbaratados uno tras otro. Hay un claro componente perverso en la actitud juguetona del personaje interpretado por John Gallagher Jr., pero el auténtico eje de la función lo tenemos en la sordomuda con el rostro de Kate Siegel.

Siegel también es co-autora del guion junto a Flanagan, su marido en la vida real, y se percibe que conoce muy bien al personaje por la forma de ir reaccionando a las diferentes situaciones a las que ha de hacer frente. No es una interpretación de grandes gestos y funciona mucho mejor cuando se centra en tener que actuar que en meditar su plan de acción, pero lo importante es que sostiene la película en todo momento.

Un cóctel tan sencillo como efectivo

Asesino

Por su parte, Flanagan coquetea en varias ocasiones tanto con soluciones propias del slasher como otras más vinculadas a los home invasion, pero sin decantarse nunca por una fórmula en concreto. Eso aporta cierta dosis de incertidumbre, una de sus grandes aportaciones junto al buen manejo de la cantidad limitada de escenarios para aportar un dinamismo mayor al relato del que tiene por sí mismo, sobre todo cuando la acción se centra en ella. A fin de cuentas, él no deja de ser una amenaza siempre presente pero que en varios momentos puede quedar en un segundo plano a la expectativa.

Si hay algo que no encaja del todo bien en la propuesta formal de Flanagan es la banda sonora de The Newton Brothers, colaboradores habituales del director desde la estimable ‘Oculus: El espejo del mal’. La música resulta en esta ocasión demasiado funcional, intercambiable con cualquier thriller de terror convencional sin que se note realmente el cambio. No me percaté de esto durante el primer visionado, pero al recuperar la película me llamó bastante la atención.

Imagen Hush

Por lo demás, el guion de ‘Hush’ sabe manejar con soltura la tensión, desarrollando con acierto la peculiar relación que se establece entre él y ella. Tanto es así que se nota cuando hay alguna pequeña desviación y uno simplemente desea que se vuelva a centrar por completo en ellos para ver hasta dónde puede llegar la cruel tortura que está sufriendo la protagonista, ya que el asesino sabe jugar muy bien con el hecho de que sea sordomuda.

Flanagn ilustra muy bien este punto siendo especialmente contundente para ir zanjando cada una de las tentativas, demostrando que sabe manejar muy bien el suspense, pero también las situaciones más comprometidas sin que la historia pierda su verosimilitud. Luego es cierto que el tramo final se vuelve un tanto más convencional, pero con los ingredientes que se manejan en ‘Hush’ no había margen para mucho más.

En resumidas cuentas

Puede ‘Hush’ no vaya a aparecer en ninguna lista de las mejores películas de terror de la historia, pero sí es una propuesta que sabe sacar mucho jugo a los ingredientes que tiene a su disposición. Una premisa sencilla pero potente desarrollada con tacto, apoyándose para ello en un buen dúo protagonista y con un hombre detrás de las cámaras que ya empezaba a demostrar por qué iba a convertirse en uno de los directores de cine de miedo más solicitados de nuestro tiempo.


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La noticia

‘Hush’: un juguetón cruce entre slasher y home invasion en Netflix del director de ‘La maldición de Hill House’

fue publicada originalmente en

Espinof

por
Mikel Zorrilla

.

Source: Blog de Cine

Estas son las 31 películas de terror favoritas de grandes cineastas como Nolan, Carpenter o Scorsese

Estas son las 31 películas de terror favoritas de grandes cineastas como Nolan, Carpenter o Scorsese

Los habituales de esta santa casa sabrán que en Espinof nos encanta hacer selecciones y listados con los que, además de recomendar largometrajes que tal vez se le hayan podido escapar a alguien, dar pie al debate, y a algunas maratones temáticas interminables con las que disfrutar sin interrupciones de grandes títulos.

Pero hoy no vamos a ser nosotros quienes seleccionemos nuestras películas favoritas de terror. En lugar de ello, os traemos las cintas predilectas de 31 directores y directoras, que van desde grandes maestros como Martin Scorsese a nuevos fenómenos como Robert Eggers, ideales para pasar un mal rato disfrutando del mejor cine de género.

Robert Eggers: ‘Nosferatu’

El director de la descomunal ‘La bruja’ y de la igualmente celebrada ‘El faro’ apuesta por el clásico del expresionismo alemán dirigido por F. W. Murnau en 1922 ‘Nosferatu’. No es una elección casual, ya que uno de los próximos proyectos de Eggers es un remake de este hito del cine vampírico.

«Fue una película de terror indie en su momento, algo imperfecta, aunque es una de las películas más grandes e inquietantes de todos los tiempos. Las versiones recientes, restauradas y coloreadas, son impresionantes, pero sigo prefiriendo las versiones en blanco y negro hechas a partir de restos de copias en 16mm. Esas versiones sucias tienen un extraño misterio alrededor que ayudó a crear el mito de que Max Shreck era un vampiro real».

Josephine Decker: ‘Suspiria’ (2018)

La actriz y directora Josephine Decker, responsable de títulos como ‘Madeline’s Madeline’ se ha alzado como una férrea defensora del exquisito —y controvertido— remake de ‘Suspiria’ firmado por Luca Guadagnino.

«Su misterio es físico. Su danza es política. Va en un millón de direcciones diferentes, y después de meses no puedo dejar de pensar en ella, como sucede con cualquier película que no ‘termina’ cuando termina la película».

Crítica en Espinof: ‘Suspiria’: una imperfecta y arriesgada obra de arte

Guillermo del Toro: ‘Los ojos sin rostro’

La filmoteca particular de Guillermo del Toro, muy probablemente, debe rebosar títulos de terror; pero de entre todos ellos, su predilecta es ‘Los ojos sin rostro’, dirigida por Georges Franju en 1960. Así habló sobre ella con Criterion.

«El personaje protagonista es como una Audrey Hepburn no muerta. Me influenció mucho con su contraste entre belleza y brutalidad. El choque entre una imaginería inquietante y cautivadora pocas veces ha sido tan potente. ¡Y ‘Los ojos sin rostro’ también tiene una banda sonora extraordinaria!»

Quentin Tarantino: ‘Audition’

«Una auténtica obra maestra». Con estas escuetas —aunque contundentes— palabras describe Quentin Tarantino la ‘Audition’, la grotesca y terrorífica cinta dirigida por Takashi Miike en 1999 que el otrora enfant terrible de Hollywood describe como una de sus favoritas desde que comenzó su carrera como director.

Martin Scorsese: ‘Suspense’

Todos sabemos que el maestro Martin Scorsese es un adorador del séptimo arte sin hacer ningún tipo de distinción entre géneros y épocas —a excepción de las películas de superhéroes, claro—, y una de sus cintas de cabecera dentro del cine de terror es la espléndida e imperecedera ‘Suspense’, dirigda por Jack Clayton en 1961.

«Esta adaptación de Jack Clayton de ‘Otra vuelta de tuerca’ es una de esas pocas películas que hace justicia a Henry James. Está concebida e interpretada a la perfección, fotografiada impecablemente por Freddie Francis, y es escalofriante».

Edgar Wright: ‘Al morir la noche’

El director de Dorset Edgar Wright, artífice de esa joya que es la «Trilogía del Cornetto» barre para casa, recomendando un clásico del terror brit con forma de antología que también hizo las delicias de Martin Scorsese.

«Un clásico británico: cuatro historias contadas por cuatro extraños reunidos misteriosamente en una casa de campo, cada uno de ellos extremadamente inquietante, que alcanza su clímax con un montaje en el que elementos de todas las historias convergen en un crescendo de locura».

David Lowery: ‘Hereditary’

David Lowery, que nos derritió el corazón con la fanstástica ‘A Ghost Story’ ha optado por la brutal ópera prima de Ari Aster, ‘Hereditary’. Una de las mejores películas de terror que nos ha dado lo que llevamos de siglo XXI.

«El debut de Ari Aster es una de las películas más terroríficas que he visto nunca. La vi en un preestreno en Vancouver y después tuve que dormir con las luces del hotel encendidas, algo que no tuve que nacer desde 2002. Estaba traumatizado. Me pregunto si la película es demasiado brutal. El unico modo de averiguarlo, por supuesto, fue arrastrar a los máximos amigos posibles a verla cuando se estrenó unas semanas más tarde. Tal vez fuese gracias a mis colegas pegando gritos, pero esta vez no pude parar de reír. Qué película tan retorcida. No puedo esperar para volver a verla cada octubre durante el resto de mi vida».

Crítica en Espinof: ‘Hereditary’: TERROR en mayúsculas que marca un antes y un después en la historia del género

Jordan Peele: ‘Misery’

Puede que haya quedado en la sombra de otras adaptaciones como ‘Cadena perpetua’ o ‘El resplandor’, pero para Jordan Peele, la gran joya cinematográfica nacida de la mente de Stephen King no es otra que ‘Misery’.

“’Misery’ is a movie where the unlikely villain turns out to be the scariest,” Peele told USA Today about Rob Reiner’s 1990 Stephen King adaptation. Kathy Bates won the Oscar for Best Actress thanks to her performance as Annie Wilkes, whose obsession with famous author Paul Sheldon (James Caan) has disturbing results. “It’s also a movie where the acting and the performance and the script and the dialogue is where the fear in the movie lies,” Peele said. “I love that kind of technique.”

Crítica en Espinof: Críticas a la carta | ‘Misery’

Jennifer Kent: ‘La matanza de Texas’

Es complicado no tomar en serio la opinión respecto a cine de terror de alguien que ha dirigido una pieza de la calidad de ‘The Babadook’, sobre todo cuando defiende el clásico de Tobe Hooper ‘La matanza de Texas’ como una obra maestra imperecedera.

«‘La matanza de Texas’ original es una obra maestra. Está contando algo muy profundo sobre la humanidad. Para mi, transmite lo que un animal debe sentir en un matadero. Algunas personas se identifican con Cara de cuero, pero yo me identifico con las víctimas… Hay algo muy crudo y áspero, en el buen sentido, en esa película. Es genial. Continúa siendo impactante. Tiene tanta energía que cuando la otra noche estaban poniendo el remake de ‘Viernes 13’ en la televisión, sentía que estaba viendo un anuncio de champú».

Crítica en Espinof: ‘La matanza de Texas’, inolvidable pesadilla en la América profunda

Luca Guadagnino: ‘La mosca’

La transición de Luca Guadagnino de una obra como ‘Call Me by Your Name’ a la delirante espiral de terror y danza de ‘Suspiria’ fue, cuanto menos, sorprendente. Lo que es menos impactante es que el realizador italiano sea un ferviente admirador de la mítica ‘La mosca’ de David Cronenberg.

«Es una obra maestra de todos los tiempos. Para mi, lo terrorífico de ella está al final, cuando te das cuenta de que los personaje de Jeff Goldblum y Geena Davis se aman desesperadamente, pero no van a estar juntos. El terror definitivo de esa película es la imposibilidad de que amor entre ellos».

Crítica en Espinof: David Cronenberg: ‘La mosca’, angustiosa metamorfosis

Sam Raimi: ‘La noche de los muertos vivientes’

Sam Raimi, juega sobre seguro y tira de clásico de culto, rememorando los malos ratos que pasó viendo la revolucionaria ‘La noche de los muertos vivientes’ de George A. Romero, germen del zombi moderno que terminó trascendiendo en la cultura pop.

«Nunca había estado tan asustado en mi vida. Estaba gritando y pegando alaridos, rogando a mi hermana que me llevase a casa mientras ella intentaba callarme. Nunca había experimentado un terror como ese antes. Parecía muy real, como un documental de terror. Nunca había visto una película en blanco y negro en un cine antes; parecía un documental. No había nada de Hollywood en ella, era sólo una completa y continua locura, y fue terrible para mi».

Anna Biller: ‘El fotógrafo del pánico’

Anna Biller, directora de ‘The Love Witch’, se decanta por la considerada como la primera cinta slasher de la historia del terror; una ‘El fotógrafo del pánico’ dirigida por Michael Powell en 1960 de la que extrae una interesantísima —y retorcida— lectura metacinematográfica.

«Es una película aterradora, pero lo que me emocionó más fue cómo captura la esencia del cine y revela cómo somos todos Peeping Toms cuando vamos a ver una película. Cualquier película. La cinta descubre el fetichismo de la dirección de cine, lo siniestro que es que usemos cuerpos y saquemos a la fuerza emociones reales de gente a la que iluminamos y manipulamos para grabarlo todo y experimentarlo más tarde cuando estamos solos, o para dárselo a otros para que lo vean en la oscuridad».

Christopher Nolan: ‘Alien: El octavo pasajero’

No es ningún secreto que dos de los grandes referentes del amado y odiado a partes iguales Christopher Nolan son Stanley Kubrick y Ridley Scott; y de este segundo, la elección obvia era ‘Alien: El octavo pasajero’.

«El director del que siempre he sido un gran fan… Ridley Scott, y sobre todo cuando era un niño. ‘Alien’ y ‘Blade Runner’ me volaron la cabeza porque crearon mundos extraordinarios que eran completamente inmersivos».

Crítica en Espinof: Ridley Scott: ‘Alien, el octavo pasajero’, la obra maestra

Andy Muschietti: ‘Los viajeros de la noche’

Con tan sólo tres largometrajes —‘Mamá’ y ambas partes de ‘It’—, Andy Muschietti se ha convertido en uno de los principales adalides del terror de estudio en Hollywood a golpe de talento e intuición. No es de extrañar que haya desarrollado estas aptitudes teniendo entre sus referentes maravillas como ‘Los viajeros de la noche’ de Kathryn Bigelow, su película de vampiros favorita.

«Fue todo un logro. Eran como gentuza vampírica, yendo por ahí en caravanas. Y esa mezcla de western con vampiros trash fue algo que me voló la cabeza. Nunca había visto nada así. Y también hay mucho humor muy negro en ella… El modo en que los vampiros juegan con sus víctimas es terrorífico».

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James Wan: ‘Los otros’

Era cuestión de tiempo que apareciese un largometraje español en la lista; y en lo que respecta al terror patrio de las últimas dos décadas, pocos títulos pueden competir al nivel de ‘Los otros’ de Alejandro Amenábar. Así la defiende el responsable de franquicias rompedoras como ‘The Conjuring’ o ‘Insidious’.

«La película de Alejandro Amenábar con Nicole Kidman está exquisitamente fotografiada y creada al estilo de la vieja escuela. Es una de las mejores historias de fantasmas victorianas que jamás se hayan hecho en el cine».

Ana Lily Amirpour: ‘Anticristo’

La directora del peculiar filme vampírico ‘Una chica vuelve a casa sola de noche’ ha clasificado la descomunal ‘Anticristo’ del siempre controvertido Lars Von Trier como una de sus cinco películas favoritas, englobando todos los géneros. Razones no le faltan.

«Cuando salió, la histeria con la escena del clítoris y las tijeras fue todo lo que había escuchado de ella, y cuando vi la película, puede que fuese lo menos impactante para mi. Esa escena con el cuervo en la madriguera y Dafoe golpeándolo intentando que se muriese me recordó a un sueño que tuve, como un un déjà vu de mis propias emociones. Es reconfortante cuando la oscuridad de otra persona refleja la tuya. Lars es muy valiente por lo íntimo que es en sus películas».

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Bo Burnham: ‘Crudo’

El director de ‘Eighth Grade’ reivindica el debut antropófago de la realizadora gala Julia Ducournau con ‘Crudo’ como un ejercicio de una calidad que, a priori, sólo podría atribuirse a grandes directores curtidos en el set de rodaje.

«Parece que sólo los maestros veteranos son capaces de manipular al público hasta hacerte creer que estás siendo manipulado a la perfección y que estás en manos de alguien que tiene el control completo sobre ti. Es increíble».

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Eli Roth: ‘Creepshow’

Bajo la batuta de George A. Romero, la magnífica ‘Creepshow’ unió al padre del zombi moderno, al maestro del terror literario Stephen King y al gurú de los efectos prácticos Tom Savini en una antología a la que, al igual que le ocurre a Eli Roth, es complicado resistirse.

«La película, narrada en cinco historias, está diseñada para parecer un cómic, pero es espeluznante. Y desagradable. Y muy, muy divertida. Además, es una antología, así que no tienes que prestar atención, y si no te metes en la historia, una nueva empezará en diez minutos… Un casting genial, un guión increíble, efectos prácticos brillantes y diversión sin parar. Una película de terror muy infravalorada que garantiza pasar un buen rato».

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Ben Wheatley: ‘Cabeza borradora’

Echar un vistazo a la filmografía de Ben Wheatley y encontrar títulos como ‘Kill List’ o, especialmente, ‘A Field in England’, hace más comprensible que uno de sus máximos referentes cinematográficos sea David Lynch, y que una de sus películas de terror de cabecera sea ‘Cabeza borradora’.

«Es el señor oscuro de las películas de media noche. Las películas de Lynch son terroríficas de un modo en que las películas de terror modernas rara vez lo son. Habla directamente a mi niño interior, a las pesadillas de mi yo de siete años. Es una experiencia cinematográfica singular. Recuerdo ver esta cada vez que estaba en Londres. ‘Cabeza borradora’ y ‘Terciopelo azul’… mmm…».

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William Friedkin: ‘Funny Games’

De entre todas sus películas de terror favoritas, William Friedkin seleccionó la ‘Funny Games’ original de Michael Haneke como la más terrorífica de todas. Palabras mayores si consideramos que vienen del director de ‘El exorcista’.

«Es, probablemente, la película más terrorífica de la lista porque implica a dos jóvenes vándalos en una zona rural aterrorizando a una familia en su propio hogar. Es el tipo de cosa que ves en las noticias con demasiada frecuencia hoy en día. Existe la posibilidad de que esto pase de verdad. Está realizada de forma brillante».

James Gunn: ‘Tiburón’

El alumno aventajado de Troma, James Gunn, publicó en su cuenta de Twitter durante el pasado 2017 una lista con sus cincuenta películas de terror favoritas de todos los tiempos. Una selección coronada por la excepcional ‘Tiburón’ de Steven Spielberg y en cuyo top 10, entre clásicos como ‘La cosa’ o ‘La semilla del diablo’, se cuela por sorpresa la genial ‘Green Room’ de Jeremy Saulnier.

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Gaspar Noé: ‘Un perro andaluz’

La segunda representación española que encontramos en esta lista llega de uno de los grandes amantes de la experimentación cinematográfica. Un Gaspar Noé que, como es lógico, cae rendido ante el genio de Luis Buñuel y Salvador Dalí proyectado sobre esa catedral del surrealismo titulada ‘Un perro andaluz’.

«La escena de introducción de la película, o del cortometraje, con Buñuel cortando el ojo de una mujer —incluso el plano detalle, en el que cambiaron el ojo de la mujer por el de una vaca— es tan impactante que desearía haber podido estar entre el público, si no hubiese podido estar detrás de Buñuel. Su hubiese podido ver la reacción, estoy seguro de que no hay gente que se haya vuelto tan loca en la historia del cine que el primer público que tuvo esa película».

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John Carpenter: ‘El exorcista’

Pocas cosas dan tanta satisfacción en esta vida que leer a uno de tus directores de cabecera recomendar una de las cintas que ocupan un lugar destacado en tu filmoteca. En este caso, John Carpenter dobla la rodilla frente a la obra maestra de William Friedkin —con permiso de ‘French Connection’—.

«¿Sabes lo que da miedo de ‘El exorcista’? Todo el mundo sabe lo que da miedo de esa película. Es el diablo. La primera vez que la vi, pensé que para ser realmente efectiva, la película necesita de la creencia en un poder superior. Pero después empecé a apreciarla tan sólo por lo que es. La vi de nuevo hace poco y me sorprendió lo intensa que es. Las cosas que hicieron entonces con esa niña pequeña rompieron muchos tabús, Dios mío. Es jodidamente buena».

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Karyn Kusama: ‘Habit’

No me tiembla la mano si tengo que defender ‘La invitación’ como una de las cintas de terror independiente más estimulantes de la década, igual que su directora Karyn Kusama, entre clásicos indiscutibles y grandes obras maestras, no titubea al recomendar el título vampírico ‘Habit’, dirigido y protagonizado por uno el titán del terror indie norteamericano Larry Fessenden.

«Recuerdo ver esta película cuando salió a mediados de los 90 y que me afectasen sus hilos narrativos gemelos: la historia de un hombre posiblemente enredado en un romance con un vampiro y, a un nivel más profundo, la historia de un hombre sumido en una espiral de alcoholismo catastrófico. La película es una compañera cinematográfica ideal a nivel temático para ‘The Addiction’ de Abel Ferrara, y es un retrato sucio y vivido de la vida cuando pierde totalmente el control».

Patrick Brice: ‘La escalera de Jacob’

Patrick Brice, director de los divertidísimos títulos found footage ‘Creep’ y ‘Creep 2’, creados junto al icono del mumblegore Mark Duplass, apuesta por uno de los títulos más infravalorados y subversivos del género. Terror psicológico en estado puro.

«Es una de las joyas infravaloradas del terror. Hay momentos en la película en los que se usan efectos prácticos para dar sustos que van más allá de la comprensión. Recuerdo tener que rebobinar ciertos momentos preguntándome cómo Adrian Lyne fue capaz de hacerlo, ¡y es su única película de terror!».

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André Øvredal: ‘Poltergeist’

El noruego André Øvredal, autor de la refrescante ‘Trollhunters’ y de la notable ‘La autopsia de Jane Doe’ opta por un clásico de Amblin de la talla de ‘Poltergeist’, del que destaca su sorprendente uso del humor.

«Tiene una base filosófica para sus temáticas, no intenta únicamente exprimir las oportunidades para dar un susto. También es extremadamente cercana a los personajes. Logras conocerlos y preocuparte por ellos, así que rápidamente temes por ellos. Creo que la realización es muy inteligente, estimulante a nivel visual, y cuenta la historia con una cantidad sorprendente de humor, que se suma al terror y a la sensación de realismo».

Tim Burton: ‘El hombre de mimbre’

Si Tim Burton no necesita presentación alguna, una leyenda del cine de terror como ‘El hombre de mimbre’ tampoco. Aunque adoremos a Nic Cage soltando puñetazos disfrazado de oso, nos referimos, por supuesto, al clásico de 1973 dirigido por Robin Hardy.

«Es como un musical raro. Es una de las películas favoritas de las que hizo Christopher Lee… No fue una película demasiado exitosa cuando salió, pero es realmente hipnótica e increíble. Es como un mal sueño. Es una de esas películas que no puedo ver de nuevo, porque se reproducen en tu mente como un sueño. Me recuerda a crecer en Burbank. Las cosas son bastante normales en la superficie, pero por debajo no son lo que parecen».

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Pedro Almodóvar: ‘Arrebato’

La tercera y última pieza patria que veremos por aquí forma parte de una lista creada por Pedro Almodóvar para el British Film Institute en la que el director manchego seleccionó las trece películas españolas que más le han inspirado. En lo que respecta al campo del terror, su elegida no es otra que ‘Arrebato’, de Iván Zulueta.

«Es una fantástica historia de auto-inmolación, de la dedicación tanto a la heroína como al cine como el comienzo y el final de todo, y de la oscuridad como la única posibilidad para la autorrealización y el autoconocimiento».

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Jim Jarmusch: ‘American Psycho’

Si la novela de Bret Easton Ellis es una auténtica revolución en cuanto a estilo y contenido, la adaptación que dirigió Mary Harron en el año 2000 no desmerece al material original lo más mínimo. Jim Jarmusch, cuyo último coqueteo con el género ha sido ‘Los muertos no mueren’, la defendió como su película favorita de todos los tiempos en una entrevista con Rotten Tomatoes.

«Es una adaptación maestra de palabras al cine dirigida por Mary Harron, una importante directora y guionista americana. Está adaptada de la novela de Bret Easton Ellis de 1991 que se ambienta en los 90. Creo que la película resuena hoy en día aún más de lo que lo hizo cuando se rodó hace unos veinte años, aunque fuese descrita como bazofia sexista por algunos. La interpretación de Christian Bale es brutalmente fascinante, y todo el reparto está genial».

Crítica en Espinof: Críticas a la carta, American Psycho, de Mary Harron

Ti West: ‘El resplandor’

Ti West brindó al fandom la que, probablemente, sea la mejor película del movimiento mumblegore; una ‘La casa del diablo’ rodada en 16mm que hace gala de un clasicismo envidiable. Por supuesto, esa buena mano para el terror denota unos referentes a la altura de las circunstancias, y no hay mejor escuela de cine que un buen visionado de ‘El resplandor’ de Stanley Kubrick.

«Fue la primera película que vi cuando era un niño que me traumatizó de verdad. Lo que creo que es genial sobre ella es que no es sólo una película de terror, es una película sobre un hombre alcohólico que odia a su familia, y luego es una película de terror. Para mi, todas las mejores películas de terror son primero películas normales y luego son películas de terror».

Crítica en Espinof: Stanley Kubrick: ‘El resplandor’

Rob Zombie: ’28 días después’

Rob Zombie ha sido uno de esos autores que han puesto patas arriba el panorama del terror durante los últimos años, con trabajos tan dispares como ‘La casa de los 1000 cadáveres’, sus dos aproximaciones a ‘Halloween’ o la excepcional ‘Lords of Salem’. Un revolucionario como él sólo podría haber elegido una cinta que cambió el statu-quo del cine no-muerto.

«Creo que fue genial. Me encanta el hecho de que, no sé cuánto mérito tiene Danny Boyle, pero con la zombimanía que tiene ahora todo el mundo, nadie sabía realmente qué hacer con las películas de zombis. Todos intentaban repetir lo que hacía George Romero, y él fue la primera persona en venir con una nueva aproximación, que llegó a lo que era algo como un género estancado, y que nunca creí que estuviese estancado hasta que vi la película».

Ahora que hemos conocido las películas de terror favoritas de estos 31 directores, la pelota está en vuestro tejado. ¿Cuáles son las vuestras?


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Estas son las 31 películas de terror favoritas de grandes cineastas como Nolan, Carpenter o Scorsese


fue publicada originalmente en

Espinof

por
Víctor López G.

.

Source: Blog de Cine

‘Terminator: Destino oscuro' quiere repetir la fórmula de ‘El juicio final’, pero falta el genio de James Cameron

‘Terminator: Destino oscuro' quiere repetir la fórmula de ‘El juicio final’, pero falta el genio de James Cameron

Durante una de las escenas de ‘Terminator: Destino oscuro’, el T-800 de Arnold Schwarzenegger se planta frente a un espejo, vestido con su icónica chupa de cuero, mientras duda si ponerse o no las gafas de sol que se asocian al personaje, optando finalmente por no hacerlo. Esto, más allá de suponer la enésima representación de la nostalgia mal entendida de la película, dice mucho de su naturaleza y del lugar que ocupa dentro de la saga.

Porque, aunque se haya promocionado como la primera secuela directa de esa catedral del cine de acción titulada ‘Terminator 2’ y haga ademanes puntuales por desmarcarse de ella, lo nuevo de Tim Miller tras su debut con ‘Deadpool’ no deja de ser una suerte de remake encubierto del clásico de James Cameron, con todas sus señas de identidad, pero sin un ápice del genio que lo hizo trascender.

Mackenzie Davis y todo lo demás

‘Destino oscuro’ vuelve a poner en la palestra esa lacra para la industria contemporánea que es priorizar la búsqueda de la repetición y la referencia, apelando a la añoranza del respetable por largometrajes de hace varias décadas, por encima de dar un tratamiento narrativo sólido y hasta cierto punto original —tampoco hay que pedir peras al olmo— a este tipo de producciones.

En el caso que nos ocupa, el guionista David S. Goyer, impulsado por lo prefabricado de la propuesta, arranca el relato con una secuencia que roza lo absurdo y que sirve de vago nexo de unión con el filme de 1991, incluida con calzador con el único motivo de justificar la apolillada presencia de Sarah Connor y del personaje principal de la saga.

Estos esfuerzos por aportar cohesión a la línea temporal de la «trilogía» bien podrían haber sido aprovechados para pulir la cargante estructura narrativa de ‘Destino oscuro’, que convierte lo que debería ser un espectáculo sin frenos de un par de horas en un repetitivo calvario en el que se sucede incansable el mismo esquema: conversación, batalla, huída del villano —que no deja de ser una imitación de saldo del T-1000 de Robert Patrick— y vuelta a empezar.

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Igualmente deslavazado se antoja el tono de la cinta, demasiado blanco para la supuesta calificación «R» que ostenta orgullosa, y que intercala solemnidad y destellos de ese humor macarra propio de sus personajes femeninos más fuertes —canalizado a golpe de one-liners y frases lapidarias— con una comedia bobalicona tan negativamente sorprendente como la absurda reinvención del Terminator que la lleva por bandera.

La dirección de Miller tampoco ayuda en exceso a que ‘Destino oscuro’ despunte por encima de secuelas como ‘Salvation’ o una ‘Génesis’ que, pese a decepcionante, logra diferenciarse con un mínimo de riesgo en su apuesta. No cuesta perdonar la anodina puesta en escena de los momentos más calmados y entregados a la conversación, pero cuando el grueso de escenas de acción se muestra genérico y algo caótico en su desarrollo y realización, las sensaciones son muy diferentes.

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Afortunadamente, la película se las apaña para aprovechar su acertado diseño de producción, haciendo relucir su ambientación fronteriza entre México y Estados Unidos y regalando alguna set-piece particularmente inspirada. Si a esto le sumamos a una fantástica e imponente Mackenzie Davis que borda su papel de heroína, el amargor general logra disiparse hasta hacer el conjunto mínimamente digerible.

A juzgar por lo visto en esta ‘Terminator: Destino oscuro’ y tras cinco continuaciones, lo mejor que podría pasar es que en un futuro, a ser posible no muy lejano, una inteligencia artificial diseñase una máquina perfecta que viajase al pasado y evitase que los ejecutivos de Hollywood continuasen adelante con la idea de explotar la franquicia más allá de ‘La rebelión de las máquinas’.


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‘Terminator: Destino oscuro’ quiere repetir la fórmula de ‘El juicio final’, pero falta el genio de James Cameron

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Víctor López G.

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Source: Blog de Cine

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Las 13 mejores películas "mumblegore" para una noche de terror indie en Halloween

En el año 2002, prácticamente inaugurando el siglo, Andrew Bujalski debutó con el largometraje ‘Funny Ha Ha’, sentando las bases de una corriente cinematográfica independiente que más tarde se conocería como mumblecore; caracterizada por el bajo presupuesto de las producciones, el cuidado volcado en los diálogos y la importancia de estos en la narrativa, el peso de la improvisación en sus interpretaciones y la tendencia a retratar la vida personal y temas existencialistas de personajes entre la veintena y la treintena.

En un medio tan volátil como el cinematográfico, fue cuestión de tiempo que las bases del mumblecore y el cariz endogámico del mismo —no es extraño ver como los mismos actores, directores y guionistas se cruzan en diferentes proyectos— terminasen fusionándose con los códigos propios del cine de terror, dando lugar al mumblegore: probablemente, de lo mejor que le ha pasado al género durante los últimos años.

Por si tenéis ganas de pasar un —genial— mal rato frente a vuestra pantalla favorita, os traigo una selección con mis largometrajes predilectos de este movimiento de terror independiente norteamericano en el que hay cabida desde a filmes intimistas hasta a espectáculos repletos de sangre, vísceras y destrucción a espuertas, y en la que hacen acto de presencia nombres determinantes como los de Adam Wingard, Ti West o Mark Duplass.

‘Baghead’ (Jay Duplass, Mark Duplass, 2008)

Qué mejor manera de inaugurar esta selección que con ‘Baghead’, la transición de los hermanos Duplass, leyendas y grandes referentes dentro del mumblecore, al mumblegore. Un largometraje con un fuerte componente «meta» que deambula hábilmente entre ambos movimientos —de hecho, cuenta con habituales como Greta Gerwig entre su reparto—, brindando un cóctel de comedia y drama existencialista con un inteligente desvío hacia el terror único en su especie. Una auténtica delicia. 

‘A Horrible Way to Die’ (Adam Wingard, 2010)

Antes de que saltase a la palestra en el año 2011 con su primera gran producción, Adam Wingard ya había firmado tres largometrajes con resultados de lo más dispar. Pero tras la lisérgica ‘Pop Skull’ y el festival de casquería de ‘Home Sick’, el de Tennessee encarriló su trayectoria con este atmosférico thriller con asesino en serie de por medio, escrito por su guionista de cabecera Simon Barrett y protagonizado por habituales del movimiento como AJ Bowen y Joe Swanberg.

‘Tú eres el siguiente’ (Adam Wingard, 2011)

Un año más tarde, Wingard daría el salto definitivo, de nuevo junto a Barrett, Swanberg y Bowen, en esta magnífica y divertidísima aproximación al home invasion con tintes de survival protagonizada por una Sharni Vinson que se ganó a pulso el título de scream queen. ‘Tú eres el siguiente’ es un ejercicio de estilo soberbio, violento y con un contrapunto cómico impagable que supondría el germen de la merecida irrupción del bueno de Adam en la industria Hollywoodiense —su reafirmación fue la descomunal ‘The Guest’, pero esa ya es otra historia—.

Crítica en Espinof: ‘Tú eres el siguiente’, maldita la gracia

‘La casa del diablo’ (Ti West, 2009)

Dos años antes de que fuese atravesado por una flecha en ‘Tú eres el siguiente’ —una nueva muestra de la endogamia del mumblegore—, Ti West dirigió la que, personalmente, es la mejor película que nos ha dado el movimiento desde sus orígenes; una prodigiosa ‘La casa del diablo’ rodada en unos deliciosos 16mm, con un tono calculado al milímetro y una concepción del terror a golpe de niñeras y satanismo que parece extraída directamente de los mejores años ochenta. Imprescindible.

‘The Sacrament’ (Ti West, 2013)

Aún recuerdo como si fuese ayer la proyección de ‘The Sacrament’ en el Festival de Sitges de 2013, un pase en el que el ambiente, casi irrespirable, podía cortarse con un cuchillo y que dejó al respetable devastado tras 100 minutos de una intensidad asombrosa. Y es que el salto de Ti West al found footage sectario, basado en la masacre de Jonestown de 1978, es, probablemente, la experiencia más salvaje que encontraréis en esta lista. Ah, y también salen AJ Bowen y Joe Swanberg.

En Espinof: Añorando estrenos: ‘The Sacrament’ de Ti West

‘The Battery’ (Jeremy Gardner, 2012)

Con una propuesta mucho más contenida y alineada con el calmado existencialismo del mublecore tenemos el sorprendente debut en la dirección de Jeremy Gardner. ‘The Battery’, además de ser una de las mejores cintas de esta lista, conforma un brillante estudio de personajes canalizado a través de un peculiar dúo protagonista obligado a convivir en una Nueva Inglaterra devastada en la que los muertos vivientes, a fin de cuentas, son tan sólo un pretexto para profundizar en sus psiques. Tan inteligente como inesperadamente profunda

‘Lace Crater’ (Harrison Atkins, 2015)

Joe Swanberg —¡sorpresa!— produce y protagoniza junto a Lindsay  Burdge, una de las musas del movimiento, este largometraje que, al igual que ‘Baghead’, se mueve entre la fina línea que separa el mublecore del mumblegore. Existencialismo, drama, comedia y enfermedades de transmisión sexual sobrenaturales se dan la mano en una de las piezas más peculiares, modestas, y aún así notables, de esta selección.

‘Martha Marcy May Marlene’ (Sean Durkin, 2011)

Con un modo de abordar los complejos efectos de las sectas sobre sus adeptos radicalmente opuesto al articulado por Ti West en ‘The Sacrament’, ‘Martha Marcy May Marlene’ apuesta por un cariz más contenido y psicológico para retratar el descenso a los infiernos de Martha; la malograda protagonista de esta excepcional ópera prima, interpretada por una Elizabeth Olsen en estado de gracia.

En Espinof: Festival de Cannes 2011: ‘Martha Marcy May Marlene’ (Sean Durkin) y ‘Hanezu’ (Naomi Kawase)

‘Starry Eyes’ (Kevin Kölsch, Dennis Widmyer, 2014)

No sólo de Adam Wingard vive Hollywood. El dúo compuesto por Kevin Kölsch y Dennis Widmyer, que acaban de estrenar ‘Cementerio de animales’ y que reincidirán con un gran estudio en la secuela de ‘Mamá’, puso su nombre en la palestra en 2014 con este filme en el que la espiral autodestructiva de una mujer persiguiendo su sueño de ser actriz desemboca en un giro tan disparatado como genial. Una pizca de body horror y un par de dardos a la industria cinematográfica terminan de convertir ‘Starry Eyes’ en uno de los mejores representantes del mumblegore.

‘Juegos sucios’ (E.L. Katz, 2013)

En el mumblegore también hay espacio para el cachondeo, y, como muestra, aquí tenéis este demencial botón titulado ‘Juegos sucios’ dirigido por E.L. Katz —amigo íntimo de Adam Wingard y productor de sus primeros cortos y largometrajes—. Nos encontramos ante una cinta ideal para una noche de juerga entre colegas, con unos niveles de mala leche y humor negro que reverenciar, y con un reparto capitaneado por Pat Healy y Sara Paxton que eleva la gamberra propuesta de la película a un nuevo nivel.

‘The Signal’ (David Bruckner, Dan Bush, Jacob Gentry, 2007)

Dentro de un movimiento como este, en el que, como hemos visto, se repiten nombres propios en diversos largometrajes, ocupando diferentes roles, es inevitable que terminen dándose colaboraciones que desemboquen en filmes como este genial ‘The Signal’: una pieza colectiva firmada a tres manos, ácida e ingeniosa, que utiliza una interferencia en la señal de la televisión como pretexto para desatar el caos, la violencia y la locura en tres historias que no tienen desperdicio. 

‘V/H/S’ & ‘V/H/S/2’ (VV.DD, 2012/2013)

La saga de antologías que debutó en el año 2012 con ‘V/H/S’ y que perfeccionó la fórmula un año después con su secuela, ‘V/H/S/2’, no es más que la evolución lógica de proyectos como ‘The Signal’. Ambos ejemplos comparten la lacra de mostrar cierta irregularidad en la calidad de sus cortometrajes, pero disfrutar de trabajos de Adam Wingard, Joe Swanberg —qué raro—, Jason Esener o Timo Tjahjanto —que firma el segmento más brutal de ambas entregas, no tiene desperdicio. Si os gusta la fórmula, no perdáis tampoco de vista la recomendable antología ‘Southbound’. 

‘Creep’ & ‘Creep 2’ (Patrick Brice, 2014/2017)

Si arrancamos esta selección con el coqueteo de los Duplass con el terror, vamos a clausurarla con los dos abrazos sinceros de Mark —el hermano menor— al mumblegore, escribiendo y protagonizando esta divertidísima sesión doble de slashers en clave found footage compuesta por ‘Creep’ y su secuela ‘Creep 2’. Dos auténticas joyas del subgénero dirigidas por Patrick Brice que tan sólo necesitan dos personajes, toneladas de improvisación y muchísima inteligencia para formar parte de lo mejor que nos ha dado el terror en esta década.

En Espinof: Sitges 2017: así están siendo las películas más importantes del festival

Estas han sido mis 13 —15 si contamos las sesiones dobles— películas del movimiento mumblegore seleccionadas para una maratón perfecta de terror independiente. ¿Añadiríais alguna al repertorio? ¡Hacédnoslo saber en los comentarios!


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Las 13 mejores películas «mumblegore» para una noche de terror indie en Halloween

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por
Víctor López G.

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Source: Blog de Cine

'Doctor Sueño': una notable secuela que brilla más cuando se aleja de 'El resplandor'

'Doctor Sueño': una notable secuela que brilla más cuando se aleja de 'El resplandor'

‘El resplandor’ es algo más que una de las películas de terror más importantes de todos los tiempos. También es un icono que perdura en el imaginario colectivo. El homenaje que se le realizaba en ‘Ready Player One’ es buena prueba de ello, pero su influencia va mucho más allá de eso. Por ello cuando Warner dio luz verde a la adaptación de ‘Doctor Sueño’, la novela que continuaba la historia de Danny Torrance, las expectativas se dispararon.

Mike Flanagan, popular gracias a la televisiva ‘La maldición de Hill House’, se enfrentaba a un difícil reto, ya que las comparaciones con la película de Stanley Kubrick iban a ser inevitables, y además tenía que lidiar con una novela de Stephen King que ignoraba todos los cambios realizados en un salto a la gran pantalla que el escritor siempre ha odiado. El equilibrio era difícil, pero Flanagan ha conseguido sacar adelante una película notable que, eso sí, brilla más cuanto más lejos está de ‘El resplandor’.

Reubicando el universo de ‘El resplandor’

Ewan

Habría sido muy fácil para Flanagan optar por dar como bueno todo lo visto en ‘El resplandor’ y construir ‘Doctor Sueño’ como buenamente pudiera a partir de ahí, pero los primeros minutos de la película se centran en resituar al espectador sobre lo visto allí. De hecho, la cinta arranca en 1980, permitiéndonos ver qué es de Danny y Wendy tras la muerte de Jack Torrance y, sobre todo, cómo evoluciona la vida del primero tras decidir que es mejor ahogar su poder y avanzar a duras penas por la vida.

Eso sí, Flanagan es muy inteligente y va alternando eso con la presentación de una nueva amenaza liderada por una aterradora Rebecca Ferguson. Todo lo relacionado con el Nudo Verdadero, misteriosa sociedad, resulta sugerente y siniestro, consiguiendo dejar con mal cuerpo al espectador por la forma que tienen de alargar sus vidas por mucho que la ejecución de sus actos podría llegar a resultar ridícula a poco que uno no esté metido de lleno en lo que sucede en pantalla.

Una vez establecido lo que hay en juego, Flanagan lleva la acción a la actualidad, siendo entonces cuando ‘Doctor Sueño’ pone todas las cartas encimas de la mesa, pero lo hace con un ritmo pausado para ir acrecentando paulatinamente la sensación de peligro. Al igual que en ‘El resplandor’, la banda sonora juega un papel esencial en este apartado, especialmente en el tramo final con el uso recurrente de un sonido que se asemeja al latido de un corazón. Otro ejemplo más de lo bien que comprende Flanagan el relato, pues además de dirigirla también se ha ocupado del guion de la dirección y el montaje. No ha dejado nada al azar.

Sin prisa pero con talento

Ferguson

Es en este segundo acto cuando ‘Doctor Sueño’ ofrece lo mejor de sí misma. La historia se desarrolla de forma lógica y progresiva, los personajes tienen tiempo para respirar y eso lleva a que el reparto tenga la ocasión de fundirse con ellos. Por ejemplo, Ewan McGregor comienza siendo poco más que el arquetipo de adulto con traumas a alguien mucho más complejo que realmente nos permite conocer cómo ha cambiado Danny Torrance. Quizá me sobren ciertos subrayados para guiar su comportamiento, pero tampoco hacen daño al relato y pronto se dejan de lado.

Además, el gran acierto de casting que es la debutante Kyliegh Curran añade una energía diferente a la película. Un personaje así podría haber decantado la balanza hacia lo estúpido o lo temerario muy fácilmente, pero lo que consigue es aportar una determinación inesperada, jugando así con la idea de querer hacer frente a un enorme peligro de tú a tú.

Escena Doctor Sueno

De ahí surge una dinámica muy interesante que te mantiene expectante, ya que es cierto que los poderes de los protagonistas se prestan a jugar con la percepción del espectador, pero Flanagan es siempre bastante honrado, ya sea aclarándolo de forma directa o dejando bastante sencillo al espectador concluir qué es exactamente lo que sucede. Así se consigue introducir ese elemento más paranormal con normalidad en lugar de llevarlo hacia el efectismo innecesario. Aquí prima la atmósfera de suspense, buscando meter el mal rollo en el cuerpo al espectador de forma continuada.

Lo que sucede es que el tramo final de la película vuelve a acercarse de forma notable a ‘El resplandor’ para así terminar de cerrar el círculo entre la novela y la película. Es un movimiento arriesgado que funciona bastante bien en lo emocional, pero que en ciertas soluciones argumentales puede resultar chocante. Como cierre para el relato de ‘Doctor Sueño’ sí que resulta plenamente satisfactorio.

En resumidas cuentas

‘Doctor Sueño’ es una gran prolongación de lo que vimos en ‘El resplandor’, atreviéndose a puntualizar algunos detalles de la cinta de Kubrick. Precisamente esa herencia es probablemente la que la limita para alcanzar cotas más altas en un cómputo global, pero sigue siendo una propuesta de lo más estimulante con la que Flanagan se confirma como uno de los autores más interesantes del cine de terror de nuestro tiempo.


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‘Doctor Sueño’: una notable secuela que brilla más cuando se aleja de ‘El resplandor’

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Espinof

por
Mikel Zorrilla

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"Para mí, lo más divertido de hacer una película es crear un mundo. Por eso no me gusta hacer secuelas". Alex Proyas

Alex Proyas suena honesto, verdaderamente honesto, cuando recibe un piropo. Su «gracias» no tiene el menor deje de prepotencia o de tedio por haber escuchado piropos similares en cientos, tal vez miles de ocasiones. Suena exactamente como alguien que recibe por primera vez su primer elogio; con esa timidez entremezclada con sorpresa y orgullo del neófito.

Es un milagro que Proyas suene así, a pesar de haber filmado dos películas mayores del fantástico más tenebroso, ‘El cuervo‘ y la monumental ‘Dark City‘, y muchas otras estimulantes, como ‘Señales del futuro‘ (‘Knowing’), ‘Yo, Robot‘ o su debut, la hipnótica y extraña ‘Spirits of the air, gremlins of the clouds‘. Confieso que yo soy de hasta los que disfrutan con el desbarre de ‘Dioses de Egipto‘, hasta ahora su última película. Pero está claro que, favoritismos aparte, su nombre tiene sus líneas en el libro del cine. Especialmente del cine más sombrío.

En su visita a Madrid, con motivo de la séptima edición del Festival Nocturna, la organización del evento me facilitó el sentarme en compañía de su homenajeado para charlar sin prisas durante una hora. Salieron no pocos temas de esa conversación, como el año pasado con otro caballero de modales excelentes, Don Mancini, el padre de Chucky, pero me quedo sobre todo con esa forma de decir «Oh, gracias». Como si fuera la primera vez. O la última.

También me conmovió la tristeza que emana, una tristeza serena, en absoluto sombría. Un manto de sabiduría evocada por las tragedias que ha vivido del que, a ciencia cierta, se nutren sus películas. Y su capacidad para, en el momento más inesperado, salirse por la tangente y provocar las carcajadas de su interlocutor.

Alex Proyas no quiso ver ‘El cuervo’ con su entregado público. Al sentarse en los Cinesa Proyecciones, dijo que llegar y ver los créditos le causó una honda desazón. Que jamás ha podido, y seguramente nunca podrá, ver esa película en la que perdió a Brandon Lee. Y que guarda rencor a Hollywood por sus recortes chapuceros de última hora para ahorrar costes, motivo que alimentó, a su juicio, la ocurrencia de la tragedia.

Pero Proyas, con sus cicatrices, con sus proyectos fallidos y añorados, sigue hacia delante. Y pronto, muy pronto si la suerte nos acompaña, volveremos a ver cómo conjura una de sus elegantes pesadillas.

Alex Proyas

Llevas en la sangre dos de las estirpes con más mitología de la historia: la egipcia y la griega. ¿Te han influido para tu carrera? Porque sé que tu abuelo te dibujaba dioses y monstruos.

Mi padre solía decir… Mi padre ya no está vivo, ¿sabes? Pero solía decirme que era de la estirpe de Alejandro Magno. [Risas] Yo le decía: ¿Pero, cómo lo sabes?. «Es así, está en la familia», contestaba él. Se supone que mi genealogía me conecta a los ptolomeos y a Alejandro Magno; así de atrás se remonta. Si ese vínculo es realmente tan relevante [como creía mi padre o no], pues es cuestionable.

Pero en fin, las familias griegas. No sé si las familias españolas son igual. Los hijos varones siguen una regla; se los llama por el nombre de su padre y de su abuelo. La secuencia en mi familia es: Michael-Alex-Michal-Alex… Así que a mí me tocó Alex. Y por eso me dijo lo de Alejandro Magno. [Risas] Siempre me ha interesado la mitología. Mi abuelo alentaba ese interés. Me dibujaba todos los dioses del egipto, ¿sabes?

Con qué estilo dibujaba.

Oh, con ningún estilo en particular. Era un amateur; un hombre muy sencillo. Pero dibujaba muy bien. Pero me dibujaba monstruos, dioses, todo tipo de locuras. Y yo, claro, era un chaval…

Mi familia fue, más o menos expulsada de Egipto.

Cuando tenías unos tres años, ¿no?

Sí. No es exactamente que los echaran, pero les hicieron la vida cada vez más imposible. Eran mercaderes, de clase media. El Gobierno indicó que eran ricos, que no lo eran, y les incautaron negocios, les bloquearon cuentas del banco…

Así que, en un momento dado, mi familia emigró a Australia; y en condiciones muy difíciles: la casa embargada, todos los activos congelados… Llegaron prácticamente sin nada. Se fueron a Australia con los abuelos por parte de mi madre; los de mi padre, ya habían emigrado de vuelta a Grecia.

Mi padre era muy testarudo; casi todos sus amigos ya se habían marchado; pero él, insistía, porque era su hogar. Pero al final fue demasiado tarde y no se pudo llevar nada consigo. Nada. Cero.

¿Y cómo fue la experiencia de emigrar a Australia? Porque es un país muy peculiar, imagino.

Es muy peculiar. Con los años, se ha vuelto menos peculiar.

Como todo lo demás.

Sí… Mis padres fueron de la primera tanda de emigrantes europeos. En Australia, mayoritariamente había un ambiente anglosajón. Como niño, no recuerdas tanto. Pero sí recuerdo a mi padre quejándose de que no podía comprar la comida que quería, el café… Cosas mundanas, como esas.

Tenía algunos amigos, europeos, pero… Había un racismo tremendo. Nos llamaban wogs [una manera peyorativa de referirse a los habitantes del sur de Europa], porque para nosotros era difícil hablar inglés. Ahora, hay gente de todas partes, de todas las razas y culturas; ha cambiado.

Pero entonces, era duro.

¿Y qué me puedes decir del paisaje? Porque en tus películas las panorámicas siempre tienen mucha fuerza, sea de un lugar real o imaginario.

Es curioso. El clima de Australia,  de Sidney, no era tan distinto del clima en Egipto. Y su paisaje, siendo tan seco, no era tampoco tan distinto. Lo distinto era la arquitectura. Es algo que sigue pasando hoy; las casas son típicamente inglesas; no se adaptan al clima en absoluto. Es muy raro. Como si hubiera aterrizado una nave alienígena de una cultura extranjera.

Exactamente, eso es lo que pasó.

Sí. De todos modos, soy consciente de mi fascinación por el paisaje, por los espacios. No sé por qué, pero es algo que me intriga… No, sí sé por qué. A mí me gusta hacer mundos; esa es la parte más divertida de hacer una película: crear un mundo. Por eso no me gusta hacer secuelas, porque alguien ya ha hecho ese trabajo. A mí me encanta sacar esas cosas de mi imaginación.

Cuando tengo que rodar, incluso cuando no me puedo permitir un set o efectos visuales, me gusta mirar a la realidad desde mi óptica, ¿sabes? Cuando ruedo la realidad, me gusta distorsionarla para que parezca algo más extraño, como un sueño. Soy muy consciente de esa firma estilística, por así decirlo.

Cuando llegué a América y empecé a filmar videoclips en Los Ángeles, alucinaban con lo distintos [visualmente] que eran. «¿Cómo haces que parezca algo así? Parece otro planeta», me decían. [Risas] Yo le respondía: emigrante, ¿sabes? Vosotros tenéis una familiaridad con vuestro hogar; pero, para mí, son muy inusuales.

Muchos de los mejores directores de la historia de Hollywood son emigrantes.

Es verdad.

Sergio Leone, Wim Wenders, Lang… Un montón.

Lo bueno de Hollywood, y deja que te diga que no tiene muchas cosas buenas, pero una de ellas que siempre ha abrazado a los emigrantes. Los explota, pero los quiere.

Sin embargo, en Australia era lo opuesto, porque venían de una mentalidad muy británica. Para empezar, no quieren que nadie triunfe. Es que, nosotros… Porque bueno, yo soy australiano, así que puedo decir nosotros. Nosotros venimos de presidiarios. Y es algo que aún se nota, incluso en familias que no vienen de presidiarios…

El Cuervo

Póster de 'El cuervo' (1994).

Que están, ¿como en una jaula?

Bueno, no… Los primeros presidiarios que llegaron a Australia, llegaron aquí como un castigo. Pero, cuando llegó el momento y fueron liberados, se dieron cuenta de que para nada fue un castigo, de que estaban en un lugar estupendo donde podían jugar un papel. Pronto, fueron políticos, todo tipo de profesiones. Mi mujer, por ejemplo, viene de una familia así, de ese legado. De prisioneros a gobernantes.

Es fascinante.

Lo es. Eso creo una mentalidad australiana que funciona de la siguiente manera: como estamos aislados del mundo, somos como una especie de pequeño club elitista; nos encanta nuestro club, estamos orgullosos de él  y no queremos que nadie moleste a ese club.

Pero tampoco queremos que dentro de ese club nadie diga que es mejor que los demás. Todos tenemos que ser iguales. Así que, si tienes éxito en Australia, especialmente fuera de Australia, todo el mundo te empieza a odiar; es como decirles: «Soy mejor que tú», aunque tú para nada tengas tal intención.

Claro, porque los prisioneros se trataban como iguales.

Exactamente, todo viene exactamente de ahí.

Repito, es fascinante.

Lo es. Es algo único. Y luego tenemos la tensión con los nativos, con el pueblo aborigen. Parecido a lo que tienen en Estados Unidos.

Con los nativos americanos, las reservas…

Sí. Pero en Australia todo es más… extremo. Eso es una parte muy, muy interesante de esta cultura.

«El matrimonio de música e imágenes crea algo distinto y único que, creo, es la esencia del cine.»

Cambiando de tema. Siempre me ha encantado cómo has experimentado con el lenguaje visual, la música y el montaje para crear secuencias que parecen salidas de un sueño.

Oh, gracias.

Escenas como el plano de la silueta del cuervo en llamas. Me interesa saber si cuando empezaste a rodar con tu super 8, creo que tenías 10 años, era algo que ya buscabas.

Me encanta la música. Me encanta en general, pero me encantan especialmente en las películas. Alguien me preguntó el otro día: «¿Cuál es tu escena favorita de la historia del cine?». Es una pregunta imposible de contestar.

Millones.

¡Sí! Ya bastante difícil es contestar cuál es tu película favorita de la historia del cine, pero la secuencia…  Son un millón, como decías. Pero pensando en ello después, aunque no se lo pude decir ya al caballero, han sido escenas con música; el matrimonio de la música con las imágenes. No tanto los diálogos. Así que creo que eso siempre ha sido algo que me ha influido y dejado una honda impresión. Ya sabes, películas como ‘2001’ o ‘Lawrence de Arabia’.

Menudos encuadres hacía David Lean.

Sí. Pero la escena que más recuerdo es de montaje. Es cuando aparece por primera vez el desierto, cuando sopla la cerilla y empata con el sol surgiendo sobre el desierto. De niño, cuando la vi, me afectó profundamente; no sabía por qué, aunque luego lo he intelectualizado. Tiene que ver con la música que suena justo después, con esa música tan melódica.

Así que siempre he tenido claro que música e imágenes son las que forjan el cine, no un diálogo ingenioso. La mejor narrativa viene de las novelas; el mejor drama y diálogos, del teatro. Música grandiosa tiene su propia vida, por supuesto. Pero el matrimonio de música e imágenes crea algo distinto y único que, creo, es la esencia del cine.

¿Y cuando creas tus planos, vienen las imágenes primero, o ya son las imágenes casadas con la música?

Con la música, con la música siempre.

¿Me puedes poner un ejemplo?

Pues mira… A veces la logística no te lo permite, pero a mí me gusta componer música para las secuencias antes de rodarlas. Mi primera película es un filme muy pequeño llamado ‘Spirits of the Air’…

Lo sé. Me gusta mucho.

Gracias. La música se escribió antes de la película: no todos los cortes, pero sí los temas. De hecho, trabajé muy estrechamente con mi compositor, Peter Miller; bueno, tan estrechamente que compartimos casa mientras rodamos la película.

El caso es que el escribía la música y yo le hacía comentarios después de escucharla. Me había escrito el guion antes, claro. Pero el ritmo interno de la película lo encontramos en su música. Luego, fue cuestión solo de rodar adaptándonos a ese ritmo. «Es como respirar», nos solíamos decir. Como respirar bocanada tras bocanada de oxígeno. Eso fue la vez que más cerca estuve de trabajar así [componiendo la música antes de rodar].

En ‘El cuervo’, muchos de los cortes los decidí reuniéndome con bandas y pidiéndoles que escribieran específicamente esos cortes musicales o canciones enteras para la película antes de que rodáramos. Por ejemplo,  cuando corre por los tejados, yo sabía que iba a sonar ‘Dead Souls’ de Trent Reznor, así que la rodé casi como un videoclip.

Me encanta trabajar así, la verdad.

¿Y en ‘Dark City’, mi película favorita de tu carrera?

Oh, gracias.

Me encanta. ¿Allí también nació todo de la música?

No. De hecho, ‘Dark City’ fue mi primera experiencia tradicional, con un compositor que crea la música después de rodar la película. Creo que en parte fue porque la película fue tremendamente compleja; creo que no me quedaba espacio mental, sinceramente, para pensar también en la música [pensar en ella a priori].

No pude encontrar al músico adecuado; no lo encontraba. En su momento, Trevor Jones apareció de la nada, pero recuerdo perfectamente lo mucho que me costó dar con alguien. En las últimas películas, he trabajado con Marco Beltrami, y estoy muy cómodo con él; creo que seguiremos trabajando juntos en el futuro.

‘Dark City’ tiene una construcción audiovisual del mundo asombrosa. Pero también es una película con un giro de guion. ¿Cómo conseguiste lidiar con las dos cosas, la puesta en escena tan elegante y onírica y el guion tan exigente por funcionar con un giro de guion tan poderoso? ¿Discutías contigo mismo desde los dos papeles que te tocaban, el de guionista y director, o las dos cosas se fundieron sin problemas en el proceso?

Pues… No estoy seguro. Cada película es diferente, porque a veces yo no escribo las películas. Siempre reescribo; siempre. Jamás he cogido un guion y me he puesto a rodarlo. A veces, me quedo sin crédito, por el WGA de América [el sindicato de escritores]. En ‘Dioses de Egipto’, por ejemplo, escribí más de la mitad, y aún así no me dieron el crédito. No puedes luchar con ello.

En mi siguiente película volveré a trabajar como lo hice en ‘Dark City’. De hecho, es aún más directo, porque lo voy a hacer todo. Es mi idea, y no voy a trabajar con ningún otro guionista; todo lo que voy a hacer sale de mí. Me he dado cuenta de que, realmente, esta es la mejor manera de trabajar para mí.

Tengo mucha más experiencia ahora de la que tenía cuando rodé ‘Dark City’, ¿sabes? En ‘Dark City’, por así decirlo, me hicieron algo de bullying. Es lo que ocurre en Hollywood; es casi imposible tener un guion que concibas solo con un guionista. Pasa muchas veces que incluso en los guiones atribuidos a un solo guionista, hay más que trabajaron en él, pero que no llegaron a la cantidad necesaria para ser acreditados.

El caso, es que ellos creían que tenían que traer a otros guionistas para mejorar mi guion [el de ‘Dark City’]. Y yo reconozco que a Lem Dobbs y David S. Goyer se les ocurrieron buenas ideas. Pero, hoy en día, ya no tengo paciencia. [Risas] Prefiero hacerlo ya todo yo. Es que de hecho, sé mucho más ahora que antes. Sí que aprendes con la edad, aunque haya gente que no lo crea. Aprendes. Sé mucho más.

Así que estoy intentando a volver a una narrativa más onírica más que intentar colarla por los agujeros. [Risas] Lo que quiero es hacer algo que sea más una expresión artística, como lo fue ‘Dark City’. Espero ser capaz de retener ese rasgo [lo onírico] hasta el final.

Es una manera diferente de escribir. Es… ¿Escribes? ¿Escribes prosa o algo?

De hecho, mi oficio no es ya el de periodista. Escribo para videojuegos. Y además, novelas, cosas para televisión…

Entonces, lo sabes, sabes cómo va todo esto. Hollywood quiere que te escribas un tratamiento y luego que le hagas un pitch a alguien. Yo odio pitchear. Soy terrible haciéndolo.

¡El elevator pitch [se conoce así la versión más rápida de presentar un proyecto, que consiste en imaginarse ser capaz de resumírselo al interesado mientras compartes los instantes entre pisos dentro de un ascensor]!

Justo [Risas]. El elevator pitch... Creo que sería capaz de pitchear mi película después de haberla terminado; después; tal vez. Tal vez. Pero pitchear una idea que todavía no he hecho… Es una locura.

Porque está neblinosa.

¡Bueno, es que estoy descubriéndola!

Pero ellos [Hollywood] quieren saberlo antes.

Quieren que tengas esa manera de hacerlo. Pero para mí, como artista, lo bonito es descubrirlo. Y ahora, con el video digital, no tienes ni siquiera la limitación de quemar película [se refiere al coste de gastar celuloide, extremadamente caro]; siempre puedes hacer otra toma. A mí me gusta descubrir cosas con los actores, allí, en el plató. «Oh, qué guay eso que dices, ¡vamos a probarlo!».

Creo que me he quitado esas inseguridades de que no era posible experimentar mientras ruedas.

«En las películas de gran presupuesto tienes a 10 tíos en un departamento creando los planos para ti»

Así que estás matando los storyboards.

He dejado de usar storyboards hace mucho tiempo.

Estaba seguro de que era así, porque hay escenas en tus películas que parecen surgir de eso, de la lírica, del momento.

Gracias. Gracias. Lo que pasa con los storyboards… A ver, y a los cineastas jóvenes sí que les digo que los hagan, ¿eh?

Para que aprendan.

Para que tengan un plan. Pero, una vez llegas a un cierto nivel de experiencia, ya no los necesitas.

En las películas de gran presupuesto tienes a 10 tíos en un departamento creando los planos para ti. Y cuando te encuentras en esa situación, se convierte en una tentación, porque tienes tantas otras cosas que hacer, dejar que lo hagan. Y así terminas con el mismo lenguaje visual sea la película que sea. ¡De facto, estos tíos están dirigiendo la película! Y además saltan de película en película.

Esto es lo que le pasa en las películas de Marvel.

No notas la diferencia entre directores.

¡Así es! Tienen los mismos productores, los mismos artistas conceptuales, los mismos diseñadores de producción, los mismos creadores de efectos visuales…

Y los mismos directores de fotografía, montadores…

¡Sí! Y la consecuencia de eso es que se crea un estilo homogéneo, una especie de estética industrial. En el momento que me di cuenta de que mucho de ese efecto depende de los storyboards, me dije, no quiero storyboards.

La primera película en la que lo hice fue Knowing. ¿Has visto la película, no?

Claro.

Bueno, pues la escena del tren, cuando Nic Cage cree que va a haber un atentado y persigue a este tipo y luego el tren choca y mueren un montón de personas.

Teníamos unos cinco o seis días para rodarla. Mi asistente, cuyo trabajo es tener todo preparado, me preguntó, y de hecho debería haber estado preparado, porque no era la primera vez que estábamos juntos: «¿Tienes una lista de planos para esta escena?» Ya sabes a que me refiero.

El guion técnico.

Justo. Le aclaré que no iba a hacer storyboard, que a lo mejor le daba una lista de planos. A la mañana siguiente, me preguntó: «¿Tienes la lista de planos?» Mi respuesta: «No. No la tengo. Sé con qué elementos voy a jugar y me la voy a ir inventando sobre la marcha». Me contestó: «Vaaaaaaale». [Risas] Estaba aterrorizado.

¿Por qué se asustan tanto?

Pues porque quieren hacer un buen trabajo y les aterra que nos retrasemos. Así que le dije: «Mira, la vamos a rodar en continuidad [siguiendo el desarrollo cronológico de la trama]. Son seis días.» Le expliqué entonces los momentos claves de la escena y cómo si los íbamos cumpliendo día a día, no nos retrasaríamos. Y salió bien.

Para mí, lo que intentaba hacer es improvisar, ver qué encontrábamos. A ver, también es que estaba un poco picajoso, porque he acumulado tanta experiencia que… lo podría hacer dormido. Quería darme un desafío mayor para estimularme más.

Pasaba con esta escena porque había rodado ya muchas escenas así y quería crear algo nuevo. Así que se lo conté a Nicolas, que lo íbamos a hacer sobre la marcha, y a él le pareció bien. Me dijo: «¡Genial! Hagámoslo.» Nic Cage es un surrealista, así que sabía que hacerlo bien le iba a gustar. Y lo cierto es que la escena quedó de maravilla.

Así que de eso aprendí una gran lección. Incluso si es una escena con efectos visuales muy compleja, lo puedes hacer así. Porque la montas en tu cabeza.

Bueno, de hecho escribiendo se hace algo parecido. También montas una especie de película en la cabeza. No necesitas hacer un storyboard de una novela. No necesitas casi ni ponerla en papel.

Bueno, ese es el sueño definitivo. Stanley Kubrick lo decía, que quería hacer una película sin guion, aunque nunca llegó a hacerlo.

¿Sabes quién lo hizo?

¿Quién?

Wong Kar-Wai en ‘2046’.

Oh, sí, cierto. También Nick Cassavettes, probablemente es el caso más famoso. Perdón, John, no Nick [se refiere al debut del actor y cineasta con ‘Sombras’]. Lo han hecho algunos.

Creo que sería muy divertido. Yo lo probé como un corto y fue maravilloso. Coges unos pocos elementos y te lanzas.

Pero también me encanta escribir. Probablemente, es el proceso que más disfruto de todo el acto del cine porque estás con tu imaginación.

Contigo mismo.

Sí. Te sientas, tus personajes cobran vida, pasan cosas inesperadas. Me emociona. De hecho mi pasión por narrar viene más de la literatura que del cine. Solía leer a escritores de ciencia ficción…

¿Cuáles? ¿Asimov, Bradbury, Orson Scott-Card…?

Sí, sí. Todos ellos. Philip K. Dick, Bradbury, Asimov… ¡Todos, todos! Harlan Ellison también.

Harlan Ellison es increíble.

Sí, lo es, en relatos es magnífico. El caso es que yo siempre quise ser cineasta y leyendo a estos autores me podía rodar las películas en la cabeza mientras los leía.

Conozco la sensación.

Es el éxtasis de la locura. Yo escribo así. Hago la película en mi cabeza. Y, ¿sabes qué? La de mi cabeza suele ser muy buena… Suele ser mucho mejor de lo que acaba saliendo. [risas]

«Cuando ruedo un guion, siempre reescribo, corto, cambio… No hay el guion perfecto, al menos no en mi mundo.»

Quiero hablarte, relacionado con esto, de ‘Dioses de Egipto’. Es una película que francamente me gusta.

¡Gracias!

Me gusta, me gusta. Aunque siento viéndola que podría ser más; imagino que habría problemas con la producción. Pero hay una secuencia que me fascina. La de Geoffrey Rush llevando el sol a rastras y encadenado a su carromato.

Esa es la escena por la que rodé la película. Cuando me leí el libreto, fue la escena que me atrapó.

A ver, cuando ruedo un guion, siempre reescribo, corto, cambio… No hay el guion perfecto, al menos no en mi mundo. Pero esa escena siempre perduró, la idea de alguien arrastrando el sol tras de sí… Yo le añadí lo de la Tierra plana; fue mi contribución a la secuencia.

‘Dioses de Egipto’ es una película de compromiso; no es la película que pretendía hacer. Es, probablemente, una película de compromiso en el mismo sentido que lo es ‘Yo, robot’. La verdad, me engañé a mí mismo. Era la misma productora que ‘Knowing’ y en ‘Knowing’ tuve una gran experiencia. Me dejaron trabajar solo, tranquilo. Me dieron todo lo que quería.

¿Porque el presupuesto era menor?

Realmente, era un presupuesto grande; sobre 60 millones de dólares. Claro, ‘Dioses de Egipto’ eran como 140 millones de dólares. Y me lo recordaban una y otra vez: «Es el presupuesto más grande que hemos manejado nunca».

Estaban asustados. Porque habían tenido unos cuántos éxitos, pero también no pocos fracasos [habla de Lionsgate, la major tras la cinta]. Siempre te afectan las películas que se ruedan a tu alrededor.

Un ejemplo. Antes [de ‘Dioses de Egipto’], estaba trabajando en un ‘Drácula‘. Pero la película no se pudo rodar por… ¿’The Wolf-Man’ de Universal? Sí, por la del licántropo. Yo iba a tener, como lo tuvo aquella cinta, un gran presupuesto. Pero como ‘The Wolf-Man’ falló, decidieron que no me podían dejar hacer una película similar, aunque fueran dos proyectos completamente distintos.

En ‘Dioses de Egipto’ fue una relación realmente difícil con el estudio.

Por lo nerviosos que estaban…

No… No sé… Es que yo quería hacer una película muy divertida, porque esas leyendas de dioses egipcios son… Una locura. Te las lees y es como si fueras drogado. Es demencial. [Risas] No me la podía tomar completamente en serio; tenía que haber algo de tono de parodia. Y no es realmente mi terreno, ¿sabes? Pero era lo que pedía la película. El otro motivo para hacerla es porque había perdido tantos años trabajando en ‘El paraíso perdido‘…

«Tecnológicamente aún no podíamos hacer ‘El Paraíso Perdido’ en cine. Sé que alguien lo hará porque es demasiado buena.»

¡Esa iba a ser mi siguiente pregunta! Es un proyecto que me obsesiona. Es una de mis obras favoritas de todos los tiempos.

Era un proyecto alucinante; iba a ser increíble… Estuvimos 18 meses de preproducción.

¡18 meses!

Sí. Se gastaron 25 millones de dólares en preproducción. Todos los actores estaban escaneados. Había visto pruebas increíbles del Lucifer de Bradley Cooper. Increíble.

Paradise Lost Bradley Cooper

Imagen promocional de Bradley Cooper en 'Paradise Lost'

Yo decía mucho en esos días, «pero es que no me creo que nos la dejen hacer». El material era tremendamente retador, incluso para estos días: los orígenes del mal; es más, la creación por parte de Dios del mal; esa es la parte interesante. A Milton lo tacharon de blasfemo, pero removió muchas consciencias.

Así que pasó justo eso: la cancelaron. Porque estaban asustados. Y no estaban asustados, como dijeron, del presupuesto. Estaban asustados de lo que estábamos adaptando. Me había hecho todas las previs de la película [las previsualizaciones en 3D de las secuencias]; tenemos la peli entera en animación.

¿Esto lo has subido a Internet?

Oh, no, no, no… Pero lo conservo. Tal vez lo haga, algún día…

Me encantaría verlo.

El problema es que usamos música de otras películas, así que… Me preocupa más que nos demanden por las bandas sonoras que por el estudio.

Podrías cambiarla [la música que acompaña a las previs].

Sí, podría. Pero no tengo ni el tiempo ni creo que las ganas.

¿Y cómo era tu enfoque?

Es muy difícil de explicar. Muy difícil de explicar… Había partes muy largas de la película que eran Milton a la letra. Los actores recitaban Milton.

Guau.

Es una película dramática, por lo que tienes que entender a los personajes cuando hablan. Así que en los personajes no podía meter tanto de Milton puro. Pero tenía un narrador que solo hablaba citando a Milton, en su lenguaje. Y ese narrador era Adán.

La película comenzaba en un pueblo, con un anciano contándole una historia a un muchacho. Y resultaba que el anciano era Adán, nada menos. Adán, de Adán y Eva, porque, como sabes, juegan su papel en la historia.

Así que la historia se contaba desde la perspectiva de Adán… Aunque la historia, realmente, era la de Lucifer. Pero Adán la contaba. Entonces, durante los flashbacks, o lo que quieras llamarlos, que evocaban la historia, escuchabas la voz de Adán recitando a Milton.

Era un abordaje muy artístico. Creo que eso también asustó al estudio, que fuera tan de autor.

¿Y las imágenes… Es que hay imágenes que, al menos a mí, se me grabaron a fuego. El océano de llamas negras al que caen los demonios, en el arranque del primer canto.

Es una sobredosis de imágenes. Imagínate, si tuvimos que crear el Cielo. La ciudad de los ángeles, que no necesitaban escaleras, así que la podíamos hacer vertical, segmentada en múltiples niveles. Había tres batallas enormes en el libro. La más enorme, en el arranque, cuando Lucifer ataca a los ángeles.

A ver, que tenía que retratar a Dios… ¡Cómo retratas a Dios en una película! Pues bien, Dios era parte del mundo. Estaba en el centro del mundo y eran tres anillos que giraban entre sí, representado la trinidad; tres anillos en llamas. Hicimos pruebas para que hablara con tres voces a la vez: un niño, una mujer y un hombre. Las mezclamos para conseguir algo realmente extraño.

Estábamos haciendo cosas demenciales. Demenciales. Jamás he hecho cosas del nivel de lo que hicimos para esta película. Y… Estoy intentando recordarlo, porque se empieza a desvanecer; ya han pasado unos años… A ver, sí. El anillo interior era donde vivían los ángeles. Y el anillo del medio era… Se llamaba… [larga pausa]. Nada, se ha desvanecido ya.

Pero bueno, todo llevaba a esa guerra, porque, si lo recuerdas, la razón por la que Lucifer se revelaba es porque Dios crea al hombre.

Tiene envidia.

Sí, tiene envidia. Pero también tiene el corazón roto, porque se supone que él es quien lleva la luz.

Y tiene que servir a alguien muy inferior como hijo predilecto.

¡Exactamente! No puede entender cómo los ángeles, estas criaturas tan perfectas, son relegadas por estas criaturas que vienen del barro.

Menuda historia.

Sí. Sí… Y también la relación entre el arcángel Miguel y Lucifer es muy fuerte; son hermanos. La razón por la que saqué todo esto es por algo que comentamos antes. Me di cuenta de que este mito, lo que quieras llamarlo, alegoría, mito, lo que te digan tus creencias, está en todas las culturas. Exactamente el mismo. Miguel y Lucifer, bien y el mal, enfrentados.

No sé de dónde viene, pero está en todas las civilizaciones.

Tal vez de aquí [me señalo la frente].

Tal vez, tal vez… Pero claro, como escritor de fantasía sabes que pasamos mucho tiempo con la estructura y con las reglas.

Sí. Para sostener el andamiaje del worldbuilding.

Sí. Porque es muy difícil hacer que un mundo sea creíble. A veces, basta conque una regla no encaje para que todo se venga abajo. La mitología judeocristiana lo hace, joder, maravillosamente bien. Se sostiene maravillosamente bien.

Y por eso fascina tanto, milenios después, a tantos millones de personas.

Es increíble. ¿Cómo algo que nació de manera aleatoria, literalmente aleatoria, como el mundo mismo, de tantas gentes diversas, pudo cuajar así de bien? Obviamente, no empezó esta historia así de perfecta desde un inicio; es imposible. ¿Pero cómo consiguió cuajar con los siglos?

En parte es observación, la visión de la gente de lo que ocurre a su alrededor y la plasmación de ello en esta historia con esa nitidez. Y no soy alguien religioso, pero trabajar en esta película casi consigue que lo sea [risas].

Imagino que porque todos los temas mayores están ahí. Yo tampoco soy religioso; soy ateo; o un agnóstico muy extremo. Pero alucina ver la complejidad y riqueza de ‘La Biblia’ y a la vez la claridad, la nitidez, como decías, de la historia. Y entonces llega un tío como Milton y te da ‘La Ilíada’ de ‘La Biblia’.

Eso que dices da justo en el clavo. Y creo que por ello los cineastas no lo hemos contado aún, ‘El Paraíso Perdido’, porque tecnológicamente aún no podíamos hacerlo. Sé que alguien lo hará porque es demasiado buena como para que no se ruede alguna vez.

En cualquier caso, retazos de esta historia están en todas las películas. Porque, independientemente de cuánto te creas de real que hay en ella, la historia en sí es, sin más, fantástica.

Mi última pregunta, tu próxima proyecto. Quiero saber más. Simplemente, quiero saber más.

Tenía un estado mental muy concreto y distinto cuando rodé ‘Dark City’. Era mucho más joven, no tenía familia. Vivía solo; bueno, vivía en una casa con más gente, pero vivía solo en el sentido de que no tenía pareja ni hijos. Caminaba solo por la calle, todas las noches. Me encantaba hacerlo. Ahora ya no puedo; me levanto cuando se levanta mi hija y la llevo a la escuela; esa parte de mi vida ya cambió para siempre.

El caso es que entonces me podía poner en un estado mental muy peculiar y dejarme inspirar mucho por mis sueños; ‘Dark City’ está muy influenciada por una serie de sueños que tuve entonces. Así que estoy intentando ponerme en ese estado mental para mi próxima película, ‘The New Country’, que así se llama [Proyas tiene ya una página de Facebook, que no ha publicitado en medios, con interesantes pistas].

También tiene que ver que mi madre… Mi madre murió cuando era un adolescente.

Lo sé.

Mi padre lo hizo hace solo unos años. Cuando murió, empecé a escribir esta historia. Siempre me ha fascinado la vida después de la muerte, y creo que he vivido obsesionado con esa idea sobre todo por mi madre. Creo que lo estamos todos; aunque alguna gente elija mirar al otro lado para no enfrentarse a ellos, todos lo estamos. Y todos tenemos nuestras experiencias con ello.

Así que estaba en el funeral de mi padre, un griego ortodoxo. El sacerdote vestía con ropas negras y largas barbas; siempre me habían dado miedo de pequeño, por su seriedad; puede que hasta inspiraran mis extraños [los antagonistas de ‘Dark City’], los griegos ortodoxos [risas].

El caso; el  ataúd de mi padre desciende al nicho y entonces el sacerdote coge mi mano y me mira; pensé, ¿qué va a decirme? Un anciano que había visto a tanta gente morir; seguro que me da algo de sabiduría. Entonces, el cura se encogió de hombros, sonrió y me dijo:

«Así es la vida». [Carcajadas] E hice exactamente lo mismo que tú, partirme de risa. Creo que tenía mucha experiencia y que me dijo justo lo que necesitaba para ayudarme a pasar por el trance, ¿sabes?

Dark City

Póster de 'Dark City' (1998).

Hacerte reír.

Claro. Es que qué vas a decir. Eso me hizo pensar en mi madre y ponerme a escribir esta historia, sin tener ni idea de qué iba a ser. Justo así escribí ‘Dark City’. En ‘Dark City’ no tenía ni idea de adónde iba a aquello o cómo iba a rematarlo, lo que va contra todas las reglas de escribir guiones. Ya sabes, el elevator pitch y todo eso.

El caso es que lo hice y salió realmente bien. Y, por supuesto, haces un borrador  y luego otro, otro, otro y vas refinando este mundo y toda la lógica que lo sostiene narrativamente.

El mundo en cuestión sitúa a un hombre en una dimensión paralela donde, tal vez, sea posible traer a la gente de la muerte. Eso le lleva a una odisea para tratar de recobrar a su madre de entre los muertos.

¿Y me puedes decir algo del tono, de la estética del mundo, la imaginería?

Bueno, se ambienta en 1982, pero un 1982 muy raro, uno que probablemente no reconocerías. Y el viaje sucede cruzando un desierto, así que gran parte de la película ocurre en un desierto.

La historia empieza en unas viviendas sociales, en un ambiente muy sórdido y oscuro.  Y de ahí, al desierto. Hay un grupo, los malos de la historia, que controlan… Sabes, la consciencia es esta serpiente que se muerde la cola; de eso se da cuenta este hombre que vive el viaje. Pero los malos intentan que esto no ocurra; quieren cortarle la cabeza a esta serpiente.

Pero ya te he dicho demasiado y ahora tendré que matarte [risas].

A lo mejor si lo haces despierto allí.

[Risas] Es un misterio, como ‘Dark City’. Se desvela mientras lo ves. Así que, contar demasiado sería…

Estropearlo.

Ángel Luis Sucasas es director narrativo del estudio de videojuegos Tequila Works y novelista en sellos como Planeta, Dolmen Editorial y Nevsky Books.


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La noticia

«Para mí, lo más divertido de hacer una película es crear un mundo. Por eso no me gusta hacer secuelas». Alex Proyas

fue publicada originalmente en

Espinof

por
Ángel Luis Sucasas

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Source: Blog de Cine